lunes, 24 de marzo de 2025

TITULARES PRENSA DESPECTIVOS CUANDO SE REFIEREN A PERSONAS MUY VULNERABLES

Dos indigentes hallan muerto a un mendigo con el que vivían en un bajo abandonado en Zaragoza este es el titular con el que aparecio una noticia en la pagina de sucesos el pasado jueves a la tarde en el Periodico de Aragón .El titular usando los términos como "indigente" y "mendigo", para mi son percibidos como despectivos y estigmatizantes. Estas palabras reducen a las personas a su condición de pobreza o situación de calle, ignorando su dignidad y humanidad. En su lugar, podrían emplearse expresiones más respetuosas y neutrales, que no definan a las personas únicamente por su condición socioeconómica. Un enfoque mas adecuado no solo evita términos peyorativos, sino que también humaniza a las personas involucradas, reconociendo su condición sin reducir su identidad a estereotipos negativos. Es importante que los medios de comunicación traten estos temas con sensibilidad, ya que el lenguaje que utilizan influye en la percepción social y puede contribuir a perpetuar estigmas. En las calles de la ciudad, entre el bullicio de los coches y el ritmo acelerado de la gente que camina con prisa, hay historias que pasan desapercibidas. pero que están ahí, latentes, en cada rincón donde alguien sin hogar busca refugio. Historias que merecen ser escuchadas, comprendidas y respetadas, pero que, en cambio, son reducidas a palabras frías y despectivas: "indigente", "mendigo", "vagabundo". Palabras que, lejos de describir la complejidad de una vida, la encasillan en un estereotipo que la sociedad prefiere ignorar. Recuerdo una vez, hace algunos años, cuando caminaba por el centro de la ciudad y me detuve a hablar con un hombre que en ese momento pedia una ayuda. Su nombre era Antonio, y su mirada tenía esa mezcla de cansancio y dignidad que solo adquieren aquellos que han luchado contra viento y marea. Me contó que había perdido su trabajo durante la crisis económica, que su familia se había desintegrado bajo el peso de las deudas y que, poco a poco, se había visto arrastrado a vivir en la calle. "Nadie elige esto", me dijo con una voz quebrada pero firme. "Nadie quiere ser invisible". Antonio no era un "indigente", como lo describiría cierta prensa sensacionalista. Era una persona con una historia difícil, con sueños rotos y con una dignidad que, a pesar de todo, seguía intacta. Era alguien que había sido golpeado por la vida, pero que no había perdido su humanidad. Y sin embargo, cada vez que abría un periódico o escuchaba las noticias, se sentía reducido a una etiqueta, a un problema social que la sociedad prefería ignorar o, peor aún, despreciar. Esas palabras, "indigente", "mendigo", "vagabundo", no solo son despectivas, sino que también son injustas. Despojan a las personas de su identidad, de su historia y de su valor como seres humanos. Las convierten en algo que parece ajeno, en un "otro" que no merece empatía ni comprensión. Y lo más triste es que, al hacerlo, refuerzan el estigma que ya pesa sobre ellas. La gente lee esos titulares y, en lugar de ver a una persona, ve un problema. En lugar de sentir compasión, siente rechazo. Y así, el círculo de la exclusión y la indiferencia se perpetúa. Pero detrás de cada persona que vive en la calle hay una historia. Hay sueños que se desvanecieron, oportunidades que nunca llegaron y redes de apoyo que se rompieron. Hay personas que lucharon contra enfermedades mentales, adicciones o violencia doméstica etc , y que no encontraron la ayuda que necesitaban. Hay madres, padres, hijos e hijas que, en algún momento, fueron parte de una familia, de una comunidad, pero que, por circunstancias ajenas a su voluntad, terminaron en la calle. Y todas esas historias merecen ser contadas con respeto, con empatía y con la intención de entender, no de juzgar. La prensa tiene un poder inmenso. Puede dar voz a los que no la tienen, puede humanizar a los que han sido deshumanizados y puede cambiar la forma en que la sociedad ve a las personas sin hogar. Pero para hacerlo, debe dejar de usar un lenguaje que estigmatiza y degrada. Debe dejar de reducir a las personas a etiquetas y, en cambio, contar sus historias con la profundidad y el respeto que merecen. Porque Antonio, y todos los Antonios que hay en el mundo, no son "indigentes". Son personas. Personas que han vivido cosas que muchos de nosotros no podemos ni imaginar, y que, a pesar de todo, siguen adelante. Personas que merecen ser vistas, escuchadas y tratadas con la dignidad que todo ser humano merece. Y es nuestra responsabilidad, como sociedad, exigir que la prensa y todos nosotros les demos el trato que se merecen. Un trato humano, compasivo y respetuoso. Un trato que no los reduzca a palabras vacías, sino que les devuelva su lugar en el mundo. Eso es lo que deseo. Un mundo en el que nadie sea invisible, en el que nadie sea tratado con desprecio por su situación, en el que todos tengamos la oportunidad de ser vistos, escuchados y valorados. Porque al fin y al cabo, la forma en que tratamos a los más vulnerables es un reflejo de quiénes somos como sociedad. Y yo quiero vivir en una sociedad que se preocupe, que respete, que ame. Una sociedad en la que nadie sea dejado atrás por ultimo les recuerdo nadie esta libre de caer en una situacion asi, el hilo es mucho mas fino de lo que se pueda llegar pesar cuando las coasas van muy bien nadie cree pueda llegarle a pasar pero, como anterior mente comente todo el mundo tiene o a tenido padre, madre, hijo, hija o un familiar etc y cualquier circunstacia ajena a sus voluntades puede llevarles a una situacion de vulnerabilidad, me gustaria que los titulares de prensa trataran estas situaciones con mas sensibilidad y humanidad Pepe Fernández Coordinador Programa ConLaCasaEnLaMochila Radio Topo ZARAGOZA https://archive.org/details/titulares-de-prensa-despectivos

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