lunes, 17 de febrero de 2025
RELATO LAS SOMBRAS DEL OLVIDO
LAS SOMBRAS DEL OLVIDO
Título: "Las Sombras del Olvido"
En la habitación 307 del ala de cuidados paliativos, el tiempo parecía haberse detenido en un limbo entre la vida y la despedida. Las paredes color menta deslavado y el zumbido intermitente de los monitores eran testigos mudos de la soledad de Marta, una mujer de 62 años cuyo cuerpo luchaba contra un cáncer implacable, pero cuyo corazón sangraba por una herida más profunda: el abandono.
El Silencio de los Teléfonos Fríos
Marta recordaba con amargura cómo, tras el diagnóstico, las visitas de sus hijos se habían esfumado como arena entre los dedos. Primero fueron excusas laborales, luego mensajes sin responder, hasta que el silencio se volvió un muro infranqueable. "No quieren verte sufrir", le había dicho una vez su hermana menor, evitando su mirada. Pero Marta sabía la verdad: su enfermedad les recordaba su propia mortalidad, y eso los aterraba.
Las noches eran las peores. Mientras la morfina aliviaba su cuerpo, su mente viajaba a recuerdos en technicolor: cumpleaños con tortitas caseras, las manos diminutas de sus hijos aferrándose a las suyas en su primer día de escuela, risas compartidas en mesas rebosantes de comida. Ahora, hasta las fotos en su teléfono (que nadie cargaba desde hacía semanas) parecían burlarse de ella.
Los Ángeles de Batas Blancas
En ese páramo emocional, fue el personal médico quien tejió una red de contención. La enfermera Clara, con sus manos cálidas que ajustaban las sábanas mientras le contaba chismes de telenovelas. El doctor Ramírez, que cada mañana posponía cinco minutos su rutina para hablarle de sus nietos. Hasta Juan, el joven de mantenimiento, que decoraba su bandeja de comida con flores de servilleta doblada.
Fue en la terapia grupal donde conoció a don Ernesto, un ex profesor de filosofía que, entre toses y sonrisas sardónicas, le enseñó que la dignidad no dependía de tener público: "Morir bien es el último acto de rebeldía contra el caos", le decía, mientras jugaban al ajedrez con piezas prestadas.
Las Cartas que Nunca Llegaron
En su mesilla, un cuaderno se llenaba de palabras dirigidas a fantasmas. "Queridos hijos: Hoy me han dado fresas en la comida. Las odiabas, Luis, pero Marcela las cubría de chocolate...". Cada letra temblorosa era un intento de atrapar memorias antes de que la niebla del olvido las borrara. A veces, imaginaba que alguna enfermera anónima las enviaría al morir, aunque en secreto temía que terminaran en la basura con los guantes estériles.
El Último Amanecer
La madrugada en que sintió llegar el final, no hubo dramáticos monólogos ni reconciliaciones épicas. Solo el susurro de Clara leyéndole un poema de Neruda, el roce de una manta tejida por voluntarias del hospital, y el peso ligero de su cruz de plata (regalo de su madre difunta) entre sus dedos. Al exhalar por última vez, una lágrima seca se quedó atrapada en su arruga más profunda, mezcla de dolor y extraña gratitud.
Epílogo: El Legado de los Invisibles
Meses después, en el jardín del hospital brotó un cerezo con una placa: "En memoria de Marta López, que nos enseñó que el amor no siempre viene de donde se espera". Nadie reclamó sus pertenencias, pero sus cartas, guardadas por Clara, se convirtieron en lectura obligatoria para nuevos estudiantes de enfermería. Un testimonio crudo y hermoso de cómo hasta en el abandono puede florecer la esencia más pura de la humanidad.
Esta redacción explora la complejidad emocional del abandono desde múltiples ángulos, utilizando símbolos (el cuaderno, el cerezo), personajes secundarios que brindan contraste, y un enfoque que equilibra la tragedia con destellos de esperanza. ¿Necesitas ajustar algún aspecto o profundizar en alguna escena en particular? PEPE FERNÁNDEZ https://archive.org/details/en-las-sombras-del-olvido
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